Hemos incorporado a la sección de Archivos sonoros del portal SIPCA el trabajo “Recopilación de tradición oral en el Parque Cultural de San Juan de la Peña. Fase 2”, realizado en 2007-2008 por las investigadoras Sandra Araguás y Nereida Torrijos...
A partir del 14 de octubre iniciamos la que va a ser nada menos que nuestra décima temporada de colaboración en el espacio cultural "La torre de Babel" de Aragón Radio, dirigido y presentado por Ana Segura. Como en años anteriores, la colaboración de...
El edificio conventual presenta fábrica de mampostería reforzada por un cajeado ortogonal de ladrillo del mismo tono que el rejuntado de la piedra, de manera que toda la construcción adquiere un aspecto monócromo. La composición de las fachadas, muy sobrias, se basa en la seriación rítmica de vanos recercados en ladrillo, algunos de los cuales están cegados. Así mismo, se aprecian dos óculos en el hastial de la iglesia.
Los tres accesos al edificio se sitúan en la fachada principal a la plaza Manuel Mindán Manero, se abren en arco de medio punto y sobre el central, que es de mayor tamaño que los laterales, se sitúa una hornacina hoy vacía.
El interior de este edificio se encuentra bastante transformado respecto a la construcción inaugurada en 1912. De hecho, sólo se conserva su configuración original en planta, desarrollada en torno a un claustro central de planta cuadrada con un aljibe en el centro del espacio abierto, que aparece delimitado por cuatro pandas de cinco tramos cubiertas con bóvedas de arista. Cada panda se abre al espacio central por medio de cinco arcos de medio punto, actualmente cerrados por medio de unas carpinterías modernas. Incluso la iglesia de una nave y con testero recto, cubierto con una bóveda de crucería al igual que los tres tramos restantes, ha sido rehabilitada como salón de actos. La sacristía se comunica todavía con la iglesia y tal vez sea de uno de los espacios menos transformados de todo el conjunto.
En numerosos pueblos altoaragoneses podemos encontrar casas tradicionales dotadas de elementos defensivos, entre los que destacan los grandes torreones que protegían los puntos más débiles de las casas. La mayor parte fueron construidas en la segunda mitad del siglo XVI, caracterizada por una prosperidad económica que se conjugó con un aumento del bandolerismo y los conflictos sociales. En estas circunstancias tanto los nobles como todo ciudadano acomodado que pudiera permitírselo se preocuparon por defender sus hogares, dejándonos más de un centenar de casas torreadas que han sido declaradas Bien de Interés Cultural.
Jesús Vázquez ObradorSabiñánigo, Comarca del Alto Gállego, 2002